Las altas temperaturas de los meses de verano constituyen una de las principales causas de estrés para las vacas lecheras y uno de los factores que más influyen en la producción; en cualquier caso, también es uno de los fenómenos más fáciles de predecir. Durante el estrés por calor, el rebaño muestra una serie de adaptaciones fisiológicas y conductuales, como el aumento de la frecuencia respiratoria, el aumento de la temperatura corporal, el aumento de la ingesta de agua y el hecho de pasar más tiempo en reposo en un intento por reducir la temperatura corporal. Con el calor también se reduce la ingesta de materia seca. Como consecuencia, el estrés por calor afecta significativamente a la productividad del rebaño, así como al estado sanitario y al bienestar de cada animal, lo que, en cualquier caso, tiene un efecto negativo en la rentabilidad de la explotación.
Las vacas producen mucho calor durante la fermentación ruminal, la digestión y el metabolismo en general. Este calor debe disiparse para que la temperatura corporal interna se mantenga constante. Existen diversos mecanismos mediante los cuales las vacas intentan disipar el calor, entre ellos la conducción (contacto directo con objetos más fríos), el enfriamiento por evaporación (sudoración, respiración acelerada) y la convección (el calor se disipa en el aire en movimiento). La eficacia de estos mecanismos se ve comprometida en condiciones de altas temperaturas y humedad, por lo que la temperatura corporal comienza a aumentar. Desde el momento en que las condiciones climáticas ambientales empiezan a convertirse en un factor de estrés, la vaca responde con una serie de comportamientos adaptativos (aumento de la frecuencia respiratoria, reducción del movimiento y de la ingesta, etc.) que, en definitiva, comprometen su estado de salud y su producción. Cuanta más leche produce la vaca, mayor es la activación del metabolismo, más calor se genera y más calor debe disiparse; esto explica por qué las vacas de alta producción son especialmente susceptibles al estrés por calor.
¿Cuál es el umbral de estrés por calor a partir del cual se observa un impacto en la producción? La forma más habitual de predecir el estrés por calor es el cálculo del Índice de Temperatura y Humedad (THI), que refleja los efectos combinados de la temperatura registrada y la humedad ambiental. Las vacas lecheras comienzan a mostrar signos de estrés por calor cuando el THI es igual o superior a 68. Por ejemplo, un THI de 68 puede darse con una temperatura ambiental de 25 ºC y una humedad relativa del 10 %, o a una temperatura de 22 ºC con una humedad del 50 %. A medida que aumenta la temperatura o la humedad, se agrava el impacto del estrés por calor.
La tabla siguiente muestra el impacto de la temperatura y la humedad en la gravedad del estrés por calor.

Fuente: National Animal Diseases Information Services
Las investigaciones han demostrado que las vacas sometidas a estrés por calor alimentadas con OmniGen AF presentaban temperaturas corporales más bajas y una menor frecuencia respiratoria, además de mantener un mayor consumo de alimento y una producción superior.
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